Más de un 11 % de la población mundial pasa hambre. Por eso, el reto para alcanzar un mundo más sostenible pasa también por atajar el problema del derroche de alimentos y el desperdicio de comida. En este sentido, desde En Estado Crudo hemos tratado el tema de la correcta conservación de los alimentos en numerosas ocasiones, con el objetivo de minimizar el desperdicio de los mismos y de poder consumirlos en condiciones óptimas para aprovechar al máximo todos sus nutrientes. Así, hemos visto, por ejemplo, cuál es la mejor manera de conservar los tomates, los huevos, las zanahorias, las patatas o el queso.
Para la correcta conservación de muchos de estos alimentos el frío es nuestro mayor aliado, ya que ralentiza los procesos biológicos que permiten la proliferación de bacterias y otros microorganismos responsables de su degradación. Así, en muchos casos se recomienda guardar estos productos de nuestra cesta de la compra en la nevera o incluso congelarlos, cuando no prevemos consumirlos en un período corto de tiempo. En otros casos, el uso de la nevera está totalmente contraindicado.
¿Pero qué sucede con los alimentos ya cocinados? ¿Podemos conservarlos adecuadamente en la nevera o en el congelador? ¿Durante cuánto tiempo? Hoy intentaremos resolver estas preguntas. Para ello, veremos por qué debemos guardar la comida cocinada en la nevera, durante cuánto tiempo podemos conservar los platos más habituales en nuestro frigorífico y cómo podemos llegar a congelar durante meses algunos de estos platos ya cocinados.
No solo podemos guardar las comidas preparadas en la nevera o el frigorífico, sino que es lo más recomendable desde el punto de vista de la prevención de enfermedades alimentarias e intoxicaciones. El frío ayuda a ralentizar los procesos biológicos mediante los que se alimentan y multiplican las bacterias y otros organismos potencialmente peligrosos para nuestra salud. Por ello, debemos minimizar el tiempo que pasan estos alimentos ya cocinados a temperatura ambiente. Como regla general, deberemos guardar todos los alimentos cocinados que no vayamos a consumir en el momento en la nevera. Y deberemos hacerlo lo antes posible, nada de dejarlos en la encimera de la cocina durante horas, esperando a que se enfríen a temperatura ambiente. Como máximo, podremos esperar una hora a que se atemperen un poco, en el caso de que sean platos recién cocinados excesivamente calientes. En ese momento los pasaremos a recipientes bien cerrados, preferiblemente de cristal o vidrio, y los guardaremos en el interior del frigorífico. Nunca debemos hacerlo en los propios recipientes de cocinado, como ollas o sartenes, ya que en estos casos los materiales no son los más adecuados para la conservación de los alimentos y pueden introducirse contaminantes en la comida.
Conservando nuestros platos cocinados de esta forma, minimizaremos las posibilidades de que nuestras comidas se estropeen o se vean afectadas por bacterias y causantes de enfermedades alimentarias como la salmonelosis, la listeriosis, el botulismo o la anisakiasis.
En términos generales, la comida cocinada dura más tiempo en la nevera que la comida en crudo. Pero esto no quiere decir que podamos dejarla en el frigorífico y olvidarnos, ya que los tiempos de conservación no van más allá de 2 o 3 días en la mayor parte de los casos. Los platos de carne y pescado suelen necesitar temperaturas más bajas, por ello les reservaremos los estantes más fríos del frigorífico, que intentaremos mantener entre 1 °C y 4 °C, y que normalmente están en la parte de la nevera más cercana al espacio ocupado del congelador (serán los estantes más altos en los frigoríficos más tradicionales, o los más bajos, en los más modernos, tipo combi). El resto de comidas pueden conservarse bien a temperaturas de entre 5 °C y 8 °C, que intentaremos mantener en el resto del interior del frigorífico.
En cuanto al tiempo máximo durante el que podemos conservar los alimentos cocinados en la nevera, podemos tener en cuenta esta guía:
En cuanto a los tiempos de congelación máximos recomendados para los alimentos cocinados, estos dependerán del tipo de ingredientes que incorporen. Así, de forma general guardaremos los platos ya cocinados un máximo de 3 meses en el congelador, a una temperatura recomendada ideal inferior a -18 °C. Como referencia, podemos considerar que el tiempo máximo de congelación de la carne cocinada irá desde los 4 meses a los 12 meses, en función del tipo de carne, de los cortes, la cantidad de grasa y el modo de preparación. Para los estofados y guisos de carnes y verduras, este tiempo se reducirá hasta unos 2 o 3 meses. Las verduras pueden conservarse hasta un año en el congelador siempre que las lavemos bien y las hirvamos unos 3 minutos en agua con sal para eliminar ciertas enzimas que pueden soportar las bajas temperaturas y estropear las verduras durante la congelación. Para los caldos y sopas de pescado, de carne o de verduras, el tiempo de congelación no deberá superar los 2 meses. En el caso de los platos preparados, los guardaremos un máximo de 3 o 4 meses en el congelador. Por último, los platos con huevo o los huevos cocidos no deberíamos congelarlos.
Como vemos, cada tipo de alimento tiene un tiempo de refrigeración o de congelación diferente, ya que su propia naturaleza marca el tiempo que tarda en degradarse por la acción biológica de las bacterias y de los microorganismos. En la mayoría de los casos, nuestros sentidos pueden alertarnos de que una comida está en más estado, al captar cambios en el color, el olor o el sabor de ciertos alimentos. Pero esto no sucede en todos los casos y hay agentes patógenos que pueden proliferar sin que se manifieste un cambio en las comida que podamos percibir fácilmente. Así, lo mejor que podemos hacer para no desperdiciar nuestra comida sin llegar a asumir riesgos para la salud, es conocer bien los tiempos máximos que podemos guardar nuestras comidas en la nevera o en el congelador, y organizar nuestras comidas en función de estos tiempos, dando prioridad al consumo de los platos cocinados más perecederos. Un buen consejo final para hacerlo con éxito, es etiquetar los recipientes en los que guardamos nuestras recetas en la nevera o el congelador, indicando la fecha exacta del cocinado. Así podremos saber en todo momento en cuánto tiempo debemos consumir estas comidas, sin que haya riesgo de que se nos estropeen y sin el miedo a que puedan estar malas.
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